TOCADOS DE DANZANTES VENADO YAQUI Y MAYO

Uno de los símbolos más representativos del Estado de Sonora es la figura del danzante venado, bien sea yaqui o mayo. La cabeza de venado disecada y adornada con cintas de color muy brillante, generalmente de color rojo, que se enredan en los cuernos, identifica la figura central de las fiestas cahítas: el Maaso yi’ireo. El venado es el animal totémico de los grupos cahítas, su danza representa su cosmología y sus mitos, y por tanto el vestuario del danzante venado también está relacionado con sus creencias. Así, la cinta roja y flores que adornan sus cuernos simbolizan la primavera, la renovación estacional que permite la sobrevivencia de la tribu, tanto la flor roja del árbol de San José como la flor blanca del Palo Santo que complementa el tocado mayo. Cuando el venado camina por el monte, sus cuernos se van adornando con esas flores.

El tocado se fija con correas de cuero a la cabeza y cuello del danzante y, en el caso del danzante yaqui, se asienta sobre un lienzo blanco atado de la frente hacia atrás, dejando una esquina que cuelgue sobre la espalda. El lienzo cubre parcialmente los ojos para que, mientras dura el tiempo de la danza, el danzante pueda despojarse de su propia personalidad para identificarse plenamente con la de este animal. Sólo puede ver el suelo para evitar un choque con posibles obstáculos. En la tradición mayo, la cabeza de venado se coloca sobre un paliacate rojo y se cubre la boca con otro paliacate, también de color rojo.

El maaso baila al ritmo de los sones que le va cantando el cantador de venado. Sus movimientos están marcados por la letra del son: si canta acerca de los trinos de un pájaro que llama la atención del venado, el danzante levantará la cabeza tratando de mirar al pájaro; si cuenta acerca de un caballo, los movimientos del danzante imitará el trotar de este animal. Los sones son muy variados y siempre están relacionados con la vida del venado.