TAMBORES CEREMONIALES

En toda ceremonia donde participan el danzante venado, los matachines y los fariseos durante la Cuaresma y Semana Santa está presente el sonido del tambor.

El tambor es un instrumento básico que con su repicar constante llama al danzante venado para irse preparando para su danza (colocando la máscara de venado sobre el pañuelo que cubre su cabeza), que acompaña a los abanderados en las procesiones de los matachines y marca el ritmo de las marchas de los fariseos cuando realizan los contis o procesiones de Cuaresma y Semana Santa.

Su sonido también convoca a reuniones especiales, dentro de la tribu, con el Pueblo Mayor, con las autoridades tradicionales o bien con la guardia tradicional.

El tambor, como artesanía, posee una belleza especial. Su madera, cortada en noches de luna llena para evitar que se pudra, procede del árbol del sauz o del de guásima. Una vez cortado el palo mayor, se rebana en fajillas más o menos anchas según el tamaño del tambor y se pone a remojar en agua caliente para que la madera esté flexible y se le pueda dar la forma circular, sin que se quiebre. Mientras tanto se va preparando el cuero, de chiva o venado, mediante dos procesos: remojándolo en agua y cal durante 4 días, o bien estirado y bañado con cal unos dos días hasta que esté bien seco y se pueda raspar con un cuchillo para que quede bien limpio.

Cuando el molde de madera y el cuero del animal están listos, el artesano procede a cortar el cuero a la medida necesaria y va cosiendo las dos partes con una tira delgada a manera de hilo, también de cuero, con una puntada de cruz que une las dos superficies y cierra el tambor.

Sólo falta elaborar el palo que pegará sobre el tambor y que se hará con una pequeña rama de Vara Prieta.

Además del tambor ceremonial, también hay tambores pequeños para niños o como recuerdos, donde la madera de guásima se sustituye por material de PVC y reduce el trabajo y el costo para la venta.