TAMBOR DE AGUA Y RASCADORES

La danza del venado yaqui es quizás una de las danzas prehispánicas que mejor se conserva en el acervo cultural de México. Todos los elementos de la danza, tanto en la indumentaria del danzante como en los instrumentos musicales, son de origen prehispánico y remite a sus mitologías, tótem y creencias ancestrales.

El danzante venado, tanto yaqui como mayo, baila al ritmo que le marcan los músicos que suenan el tambor de agua y los rascadores o jirukias, mientras con sus movimientos de danza va interpretando el son que uno de los músicos canta en su lengua, donde reseñan diversos episodios de la vida del venado y su relación con animales y elementos de su entorno natural.

El tambor de agua es un guaje, o variedad de calabaza grande, seca, partido por la mitad y una de las partes flota arriba de un recipiente que contiene agua. Entre este medio guaje y la superficie del agua se forma una cámara de aire, que permite que el golpeteo rítmico que se realiza con una vara recubierta de hojas de elote al que llaman “tamal” emita un sonido profundo y hueco que le imprime a esta danza parte de su dramatismo característico.

Los rascadores son de madera de palo de brasil y acompañan con su ritmo los compases del tambor. Suelen ser dos o tres rascadores que a su vez se apoyan sobre otros tantos medio guajes. Simultáneamente a estos sonidos uno de los músicos va cantando en lengua cahíta, yaqui o mayo, una tonada que habla de la vida del venado integrado al monte y a toda la naturaleza. El danzante venado, que en estos momentos asume la personalidad de este animal totémico, está alerta a la letra del son y con sus movimientos representa la acción que le va marcando el canto: bebiendo mientras juega con las serpientes de agua, enredándose los cuernos en un arbusto o enredadera del monte, escuchando asombrado los cantos de algún ave….

Esta danza se lleva a cabo en la ramada, con los músicos sentados en la tierra y el danzante frente a ellos ejecutando sus movimientos. El ambiente es sobrecogedor y mágico, participando la comunidad con su presencia alrededor de la ramada.