FIGURAS DE CORAL NEGRO

La artesanía de coral negro es una de las más difíciles de trabajar tanto por la dureza como por la fragilidad del material, lo que requiere mucho cuidado, paciencia y destreza por parte del artesano.

El coral negro, aunque su aspecto asemeja un arbusto fosilizado, es el resultado de la acumulación de esqueletos de una colonia de cnidarios antozoos, pequeños organismos del reino animal relacionados con las anémonas del mar, que viven a profundidades entre los 20 y los 100 metros de profundidad. La especie más conocida es el coral negro (Antipathes subpinnata) que toma su nombre del color negro de su esqueleto.

Hay ocasiones en que los grandes barcos, al realizar sus labores de pesca, cortan inadvertidamente trozos de estos corales y el mar se encarga de irlos arrastrando hasta depositarlos en las orillas de las playas. Es entonces cuando los recogen los hombres seris para realizar con ellos bellos trabajos de artesanía.

Cuando llega la materia prima a la playa, el artesano la limpia y con una escofina le va dando la forma que busca o que el coral le inspira. Después comienza el trabajo de pulido, primero con lija gruesa y luego con una más fina hasta darle ese aspecto de porcelana negra.

Normalmente son piezas pequeñas de joyería: anillos, collares, prendedores…. Y cuando el tronco del coral lo permite también trabajan conjuntos escultóricos como el de esta imagen, de 10 cms. de altura, donde mezcla el coral en bruto con el coral pulido, usando el ensamblaje para dar unidad a la pieza.

Es difícil encontrar esta artesanía, tanto por la dificultad de su ejecución como por la extrañeza del material, pero su rareza añade valor a la riqueza artesanal de los pueblos indígenas de Sonora.