ARPA

Las arpas y otros instrumentos de cuerda se incorporaron en la tradición de los pueblos indígenas de Sonora para acompañar sus fiestas y danzas a raíz de su contacto con Occidente, aprendiendo enseguida los artesanos indígenas a confeccionarlos. Sin embargo, actualmente, son pocos los artesanos que pueden realizar el proceso completo de la elaboración de un arpa, por lo que estas piezas son difíciles de conseguir.

Primeramente hay que buscar una raíz de álamo, cortarla y esperar hasta dos años a que esté completamente seca. Después se van cortando las tiras que, al irlas pegando con cola o un adhesivo adecuado, irán dando forma a la caja de resonancia.

Por otro lado, se va buscando madera de Palo Colorado (Pouteria splendens) y Palo Dulce o Palo de Brasil, para tallar las clavijas, y madera de Guásima para tallar una pieza llamada la “S” que es la consola donde se irán insertando las cuerdas con las clavijas. Por último, también se necesitará madera de pino para el timón o columna de sostenimiento.

La parte plana que cierra la caja necesita llevar tres agujeros, uno grande en la parte baja del arpa y otros dos pequeños, uno en el medio y otra junto a la “S” o consola, para que el sonido se libere y produzca resonancia.

En cuanto a las cuerdas, tradicionalmente confeccionadas con tripa de cabra estirada, en la actualidad se usan las comerciales de material sintético. Una vez colocadas las cuerdas, se inserta un pequeño tubo para guardar la llave que se usará para afinarlas. Por último, sólo falta una pequeña capa de barniz que cerrará los poros, sellando la madera.

Un arpa grande suele medir alrededor de 1.40 metros de altura con 45 cuerdas aproximadamente, el arpa más frecuente mide 1.20 metros con 29 a 32 cuerdas. Existen versiones de arpa de los pueblos mayo, yaqui y guarijío.